Como no amarte a vos,
mi linda princesa indiana
así rendida, tendida a los pies
de tu reina madre Chinca morena.
Como pinceladas en ti se mecen,
gaviotas, garzas y palmeras
mientras besa el lago tu frente,
mi tierra del sol amada.
Vos tan guajira y ardiente,
tan mestiza, altanera y caribeña…
Maracaibo, tú siempre serás mía,
mía cuando lloras, cuando cantas,
cuando ríes y amas, cuando sueñas
y es que en tu calor
y en tu luz por las mañanas,
cuando rompe más el sol
para derramarse en acuarelas.
Y es que aunque yo ande lejos
o tú, mi Maracaibo estés lejana,
mi corazón, siempre, siempre
hasta tu corazón regresa…
Postales de Maracaibo
Postales de Santa Marta
Aquí el viento
juega a ser simple fantasía.
El alma mía juega como gaviota
recién pintada.
Las olas juegan
con el azul inmenso del día.
Mar de asombros recurrentes
golpea estas costas colombianas.
Aquí he dejado unas palabras
con la inquietud colgada
de unos brazos…
Un amor en la calle soledad
me habló con mirada de provincia.
Sueños de agua y viento.
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Postales de México
-¿Cómo suponer que en tu cabeza
sólo anidan sueños blancos?
-Si siendo el aire que en tu caderas
remonta espacios crepusculares,
me traes a tierra, a lamer las piedras
que en tus momentos salvajes
siempre son tu mejor arma secreta…
-¿Cómo entender chilanga
que eres tú, dueña de la luz?
-Si en tus noches más extrañas
amarras mis miedos a tus surcos
con el brebaje de sudor y calma
que de tus pliegues claroscuros
se alimentan las madrugadas…
Postales de Caracas
No fue precisamente para encontrarte
que salí de mi pueblo ávido de olvidos
y recién borrado del mapa (yo, no mi pueblo)
en una tarde donde toda aroma era tibia despedida,
sino para tocar el tumulto donde sobresalía tu voz
con los nuevos pormenores de las palabras permanentes
y que ahora significan otras cosas después de tropezar
tus dientes, golpear tus labios y volar desde tu boca…
Siempre andas sobrevolando mis puntos cardinales
y me gusta. Me gusta mirarte cuando despiertas a la vida
y te asomas al nuevo día, con tu cajita de corn flakes
mientras que sin tocar un botón, te pones mi mejor camisa
o simplemente te desnudas y dejas tus promesas en el aire,
con tus avatares de mujer ya disueltos, ya vencidos.
Caraqueña, eres el señuelo que sigo, que persigo…
Es esa risa musical tan tuya, exagerada muchas veces
llenando cada espacio de esta casa.
Tu manera de decir “te quiero” cada media hora por teléfono,
los mensajes de texto en tu propio dialecto.
Tus besos con la boca llena de agua.
Tu desfachatez y tus cabellos regados en la almohada.
Tu perro mirándose en mi espejo…
Tu figura blanca y menuda ya convertida en mi pan,
en mi padre nuestro y en mis versos de cada noche.
Citando a Borges o narrando versos de Neruda,
siembras tu pie más izquierdo en mi pecho,
levantas las manos al cielo y te elevas…
Tú eres sujeto y predicado de todos mis verbos,
mi temor recién llegado de latitudes más estrechas.
Carita hermosa, tú eres mi punta y también mi brecha.
Al azar, eres el peor error que ha cometido mi soledad.
Jilguero de luz para abrir todas las puertas…
Yo te amo y no me detendré jamás a recordar otro día.
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Postales de Ciudad Guayana
Lazos de sol sobre las tejas
y ansias trémulas de anhelos,
entre sueños y enredaderas
instantes persiguen momentos
y entre el cielo azul y la arena
se va quemando el silencio…
Abrigada en techos,
suelta en el viento,
la nostalgia me alcanza
larga, gigante en llamas
predilectas y geográficas…
Agua quieta, tiembla,
golpea y se va…
Como entre la vida y la muerte,
entre poemas escritos en hojas amarillentas,
este soliloquio dormita, sueña y se mece
entre las sombras de alámbricas palmeras
y tras la última piedra, suave se desvanece
el aroma azul de unas piraguas que se alejan…
En esta otra larga orilla de arena extraña
dejarán mis pasos, quizá su último paso
pero que un chubasco levante y lleve mi alma
hasta la tolva lacustre de maracaibo…
¡Arriba mi corazón de agua dulce!
y quieta…
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